domingo, 1 de noviembre de 2015

Buscando la perdiz nival

Ya que no solemos visitar las zonas más altas del Pirineo por otras razones (no practicamos montañismo ni esquí), cada año intentamos acudir al menos una vez al año al pequeño reino ártico de las cumbres aragonesas en busca de las pocas especies de aves que aguantan por encima de 2.500 metros de altitud, especialmente la perdiz nival o lagópodo alpino.


Hábitat típico de la perdiz nival.



















Este año ya estuvimos en una de mis zonas preferidas del Pirineo oscense, el balcón de Pineta y lago de Marboré, bajo el glaciar de Monte Perdido. Además acompañado de Juan jr. y Lorenzo, en su primera vez, tal como hacía yo con mi padre cada verano durante varios años. Me desalentó el panorama, a pesar de ser ya primeros de septiembre había al menos cien personas, no me quiero imaginar como habrá estado en julio y agosto. Nos lo pasamos muy bien, vimos un bando de 90 gorriones alpinos pero ni rastro de las perdices.
En el balcón de Pineta.


Bajo el glaciar de Monte Perdido.



























Y hoy lo hemos vuelto a intentar con Begoña y Miguel, esta vez en el Pirineo oriental, de roca granítica (no caliza como Monte Perdido) y más favorable para las perdices. Ni Silvia ni los Bellosta han visto nunca la nival... y lo habíamos intentado varias veces, alguna de ellas digna de recordar ( como cuando nos quedamos encerrados en un refugio durante 24 horas por un temporal de primavera, cuando los pronósticos meteorológicos eran todo soles...). 

Madrugón y hora y media de ascensión hasta los 2.550 metros, cuando ya eran las 11:00 horas. Subiendo, solamente algunos colirrojos y bisbitas comunes, todo quietud y silencio, frío en la sombra pero muy bien en las zonas soleadas. Hasta que Miguel se ha metido por una vaguada y al poco ha levantado nada menos que cinco lagópodos!!! 


Macho adulto. Autor: Miguel Bellosta.


Macho adulto. Autor: Miguel Bellosta.

































Han hecho un vuelo corto y se han posado algo más arriba, allí las hemos disfrutado a unos 200 metros de distancia. Ya con la muda de plumaje invernal muy avanzada, al pareja y sus tres jóvenes del año han estado un rato amagadas vigilando, luego han comenzado a moverse picoteando el suelo y poco a poco se han alejado hasta quedar ocultas a nuestra vista. Entonces nos hemos acercado a la zona, donde han dejado huellas y excrementos frescos y de regalo, una pequeña pluma de contorno.
El grupo familiar al completo.


Huellas en la nieve.


Excrementos.
Pequeña pluma de contorno del plumaje estival.

Allí nos hemos quedado un rato super contentos comentando la jugada y recreándonos con los "regalitos" que nos habían dejado, cuando de repente han vuelto a aparecer las perdices algo más a nuestra derecha desfilando entre dos grandes rocas. Después han volado lejos, primero tres y luego las otras dos cambiando de vertiente.


Hembra adulta.

Son de esos días que improvisas unas horas antes, sin mucha confianza en el resultado pero que todo te viene de cara. Bajando hemos visto varios acentores alpinos, un quebranta adulto, un águila real y un gavilán totalmente fuera de hábitat. 


Acentor alpino.



















Después de dar buena cuenta del morral nos hemos vuelto para casa. Una jornada completa para recordar.



















Barluenga, 1 de noviembre de 2015.